¡Qué delicia el pasear por Tenby! es la primera exclamación que se me viene a la cabeza tras recordar un mes después mi paso por aquella acogedora ciudad. Como ya os contamos, venÃamos de Pembroke, donde nuestra pequeña escapada fue en cierto modo un fracaso, por lo que nuestra impresión de este pequeño rincón de la costa de Pembrokeshire fue aún mayor.
Costa de Tenby
Tenby es, evidentemente, una ciudad para turistas; asà lo dicen sus numerosas tiendas que se reparten por todas sus estrechas callecitas casi peatonales. Nosotros lo visitamos en febrero, pero seguramente, esta ciudad en verano tiene que llenarse a rebosar. Y es que Tenby es un lugar de veraneo. Sus inmensas playas asà lo atestiguan.
En una de las muchas terrazas que cuelgan sobre esas playas nos sentamos para deleitarnos de la tranquilidad del paisaje (ya de por sà lo transmite la foto que os ponemos), y allà nos hubiéramos pasado un buen rato de no ser por el intenso frÃo que traÃa la brisa marina. Aún asÃ, decidimos bajar hasta la misma orilla del mar y pisar aquella arena que parecÃa invitarnos a dejar nuestra huellas marcadas como recuerdo de nuestro paso por Tenby.
Pero comencemos por el principio. La ciudad que nos recibió nada más bajarnos del tren no parecÃa ser nada del otro mundo. Nos adentramos por un par de calles siguiendo siempre los carteles que nos dirigÃan al centro y a la información turÃstica, y pronto dimos con las murallas de la ciudad.
Os lo quiero relatar tal y como lo vivimos, pues no era Tenby un punto al que tuviéramos pensado visitar, sino que surgió por la decepción de la visita a Pembroke, por lo que literalmente no tenÃamos información alguna de ella.

Murallas de Tenby
Paseando junto a la muralla, bajo una de las torres localizamos lo que parecÃa una extraña entrada bajo un arco. Introdujimos la cabeza, siempre curiosos, y descubrimos que para nuestra sorpresa allà se desplegaba como una calla interior, cubierta, pero llena de tiendas tÃpicas. Era una galerÃa subterránea que conducÃa al otro lado de la muralla. Si bien no es que fuera nada espectacular si, cuando menos nos resultó muy llamativo.
En cierto modo, fue como la escena aquélla de Harry Potter en que tras atravesar una galerÃa, apareció en una ciudad gótica, casi fantasmagórica. A nosotros nos sucedió igual. Pasamos de andar por una ciudad relativamente actual, con su tráfico rodado, a salir a la luz en una ciudad casi medieval, con calles empedradas, casi peatonal, y bordeada por numerosas tiendas de souvenirs y productos tÃpicos.
HabÃamos entrado en el corazón turÃstico de Tenby.
